A continuación, algunos datos y reseñas importantes a tomar a la hora de ver la situación actual:
En la década de los 90, el 10% de la población alcanzaba el grado de educación superior universitaria (Enaho-INEI 1994), actualmente está en el 19.6% (Censos 2017-INEI).
Si antes ser egresado universitario era una buena señal en el mercado laboral, actualmente la empleabilidad de los universitarios se ha desacelerado en comparación con los técnicos, del primero hay menos demanda y en el segundo hay más demanda.
La digitalización y la constante adaptación a nuevos softwares integrados es requerimiento de que los universitarios se capaciten constantemente en el uso de ellos, teniendo mayor velocidad en el sector privado que en el sector público.
Es requisito indispensable dominar más de un idioma para poder lle evar un buen programa de estudios de posgrado; como también lo es llevar programas de especialización de las áreas en las cuales uno desea desempeñarse, experiencia laboral y estar estudiando a la vez genera muchos incentivos.
Evidentemente, las tendencias globales cambian, un aspecto importante y poco cubierto es el desarrollo de la capacidad de liderazgo, habilidades blandas para el desenvolvimiento en las actividades que se realizan en el día a día y mayor desarrollo de la inteligencia emocional. Los títulos y certificaciones son fundamentales, pero no suficientes.
Sueño de muchos jóvenes peruanos es ser universitario, pero el sueño no acaba ahí y continúa; estudiar y ganar experiencia es fundamental, así como participar de actividades, colectivos, voluntariados e iniciativas de emprendimiento vía startup fortalecen el camino para realizarse profesionalmente.
Es importante mencionar que al iniciar una carrera en el proceso el universitario va conociendo más el área o sector donde el cual el desearía laboral y espera concretarlo. En el camino de muchos se nos presenta áreas diferentes y muchas veces por motivos monetarios incursionamos en ello, algunos se mantienen, otros usan ello como un trampolín para saltar al área que desean, en lo posible siempre hay que tratar de estar adecuadamente empleados.
Hay muchos retos más, pero un mensaje que debe calar en cada uno de los universitarios es el de ser independiente y no terminar nuestra vida profesional como un dependiente, ya que en nosotros no solo está el hecho de que generemos riqueza, sino empleo que es lo que falta en nuestro país.
Fuente de imagen: Diario "El Peruano".
domingo, 30 de junio de 2019
miércoles, 1 de mayo de 2019
¿Qué son las reformas de primera y segunda generación?
Para algunos, son términos no tan entendibles, pero sin duda, guardan aspectos que nos importan como ciudadanos. Muchos de los que vivieron en la década de los 80" y 90" recuerdan la situación económica, política y social de nuestro país. En pocas palabras, inflación, cuentas macroeconómicas en rojo, diversas crisis políticas a la orden del día, terrorismo y un desconcierto total por el futuro del país. En 1987, el Fondo Monetario Internacional (FMI) declaro al Perú como país inelegible como sujeto de crédito; en 1990, Sendero Luminoso (SL) y el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru cercaban la capital limeña, posteriormente en 1992 el entonces presidente Alberto Fujimori, secundado por las fuerzas armadas (FF.AA) produjo un golpe de estado
Evidentemente, nuestra economía en 1992 representaba el 60% en PBI a comparación con nuestra economía en 1960. El estado era dueño de casi todos los medios de producción, los cuales habían sido administrados ineficientemente, la mayoría de empresas públicas representaban pérdidas o estaban en bancarrota, todas ellas contribuían al déficit fiscal, que en 1988 representó el 12.1%. Se necesitaba cambiar las condiciones actuales de nuestra economía en aquel entonces y ordenar las cuentas fiscales.
Así, nuestra economía comenzó a liberalizarse, se comenzó a reducir la inflación, poco a poco dejamos la recesión, manejamos el déficit fiscal, abandonamos la política del modelo ISI (Industrialización por sustitución de importaciones), se privatizaron casi todas las empresas del sector público, se organizo un Banco Central de Reserva (BCRP) más autónomo bajo su propia ley orgánica. Sin duda, este gran cambio representó costos a corto plazo para muchos peruanos, hubo un gran reacomodo de los diversos sectores que componen nuestra sociedad y demás. A todo ese gran cambio de rostro se le denominó "reformas de primera generación", las cuales pondrían en orden a nuestro país y hasta la fecha, ser una de las estrellas de Latinoamérica, pero no olvidemos, solo en términos macroeconómicos.
Aún tenemos problemas en lo que respecta a nuestro país, como son la aún alta tasa de informalidad en nuestro país, donde siete de cada diez peruanos opera en la informalidad, los servicios de salud que requieren una descentralización y una calidad al momento de ejecutar el presupuesto, la educación tanto por el servicio docente de calidad como por la infraestructura, todos ellos por supuesto debidamente presupuestados con fuentes provenientes del fisco, lo cual requiere elevar la presión tributaria, que actualmente está cerca del 14% del PBI, irónicamente se mantiene ahí desde hace 50 años, se necesita combatir tanto la evasión como la elusión tributaria. Es menester también implementar reformas laborales, reformar el sistema electoral y político, acercar más a los ciudadanos a la vida económica, política y social del país. Todo lo mencionado anteriormente abarcan las reformas de segunda generación.
No olvidemos eso, aún como país, tenemos mucha tarea pendiente que hacer.
Fuente de imagen: Universidad Esan.
domingo, 28 de abril de 2019
Los 30 años de la economía peruana y el universitario.
Hace unos 30 años la economía peruana no era ni la quinta parte de lo que representa hoy, menos los niveles educativos-sí, antes los índices de escolaridad completa y de estudios superiores eran bajos y teníamos tasas de analfabetismo problemáticas que reducir-, después de todo, veníamos de una gran debacle económica, ningún organismo internacional ni la banca se dignaba a otorgar préstamos al Perú-el FMI nos declaró país inelegible en 1986-, nuestras reservas internacionales (RIN) mostraban cifras rojas y nuestro ingente y débil aparato estatal cubría nuestra economía, por donde se le observase, pocos ponían esperanzas en el Perú de aquel entonces. En ese contexto, haber culminado la secundaria te permitía al menos conseguir un empleo, ser egresado universitario era una muy buena señal al mercado laboral (10.8%-Censo INEI 1993), las posibilidades aumentaban si contábamos con un posgrado.
El tiempo ha cambiado, el Perú ha experimentado un crecimiento vigoroso debido al superciclo de las materias primas- crecimos a una cifra de 9.84% del PBI en el 2008-, posteriormente a ello se suscitó la primera crisis financiera mundial del siglo XXI en el año 2008, producto de ello el Perú pasó a un periodo de desaceleración económica, siendo su punto más bajo en el año 2015 con un magro crecimiento de 2.35% del PBI. Como consecuencia de todo ello, el desempleo aumentó, llegamos a 8.1% de tasa de desempleo en Lima Metropolitana el primer trimestre del 2018, actualmente nuestra población universitaria bordea el 20%-19.6% según el último Censo INEI 2017-, lo que representa un crecimiento significativo y sostenido.
Ser egresado o tener un bachiller ya no es suficiente, necesitas especializarte aparte de llevar un posgrado, estar constantemente actualizado y fortalecer habilidades blandas, el mundo está en un proceso de mayor digitalización y sistematización producto de la cuarta revolución industrial. Pasamos de conocer el dinero fiduciario al mundo de las criptomonedas y la tecnología block chain, de la educación tradicional a las diversas plataformas virtuales de cursos por internet, el conocimiento está al alcance de todos, sin excusas y sin límites de edad.
Desde el año 2014, los universitarios estamos bajo el amparo de la ley 30220, más conocida como la ley de reforma universitaria, que implantó muchos cambios que modificaron el estamento universitario, en especial a la hora de elegir y designar a nuestras autoridades, así como la creación de la Superintendencia Nacional de Educación Universitaria (SUNEDU). Paralelamente también fue derogada y dejada sin efecto el decreto legislativo 882, que provenía del año 1996, denominado "Ley de la promoción de la inversión en la educación", poniendo de esta manera un mayor énfasis en la calidad educativa antes que en la masividad del servicio educativo universitario, mejor aún en un entorno cambiante en donde las ideas disruptivas surgen cada día.
Dicen que un ingrediente principal para alcanzar el éxito profesional es estar preparado para cuando llegue el momento, lo mismo se podría decir de la economía peruana, sin las reformas y las medidas políticas fiscales y monetarias acertadas, cualquier vaivén de la economía mundial nos puede afectar más de lo que hubiese pasado si hubieses estado preparados.
Fuente de imagen: Semana Económica (SE).
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¿A qué retos se enfrentan los jóvenes universitarios peruanos hoy?
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