Para algunos, son términos no tan entendibles, pero sin duda, guardan aspectos que nos importan como ciudadanos. Muchos de los que vivieron en la década de los 80" y 90" recuerdan la situación económica, política y social de nuestro país. En pocas palabras, inflación, cuentas macroeconómicas en rojo, diversas crisis políticas a la orden del día, terrorismo y un desconcierto total por el futuro del país. En 1987, el Fondo Monetario Internacional (FMI) declaro al Perú como país inelegible como sujeto de crédito; en 1990, Sendero Luminoso (SL) y el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru cercaban la capital limeña, posteriormente en 1992 el entonces presidente Alberto Fujimori, secundado por las fuerzas armadas (FF.AA) produjo un golpe de estado
Evidentemente, nuestra economía en 1992 representaba el 60% en PBI a comparación con nuestra economía en 1960. El estado era dueño de casi todos los medios de producción, los cuales habían sido administrados ineficientemente, la mayoría de empresas públicas representaban pérdidas o estaban en bancarrota, todas ellas contribuían al déficit fiscal, que en 1988 representó el 12.1%. Se necesitaba cambiar las condiciones actuales de nuestra economía en aquel entonces y ordenar las cuentas fiscales.
Así, nuestra economía comenzó a liberalizarse, se comenzó a reducir la inflación, poco a poco dejamos la recesión, manejamos el déficit fiscal, abandonamos la política del modelo ISI (Industrialización por sustitución de importaciones), se privatizaron casi todas las empresas del sector público, se organizo un Banco Central de Reserva (BCRP) más autónomo bajo su propia ley orgánica. Sin duda, este gran cambio representó costos a corto plazo para muchos peruanos, hubo un gran reacomodo de los diversos sectores que componen nuestra sociedad y demás. A todo ese gran cambio de rostro se le denominó "reformas de primera generación", las cuales pondrían en orden a nuestro país y hasta la fecha, ser una de las estrellas de Latinoamérica, pero no olvidemos, solo en términos macroeconómicos.
Aún tenemos problemas en lo que respecta a nuestro país, como son la aún alta tasa de informalidad en nuestro país, donde siete de cada diez peruanos opera en la informalidad, los servicios de salud que requieren una descentralización y una calidad al momento de ejecutar el presupuesto, la educación tanto por el servicio docente de calidad como por la infraestructura, todos ellos por supuesto debidamente presupuestados con fuentes provenientes del fisco, lo cual requiere elevar la presión tributaria, que actualmente está cerca del 14% del PBI, irónicamente se mantiene ahí desde hace 50 años, se necesita combatir tanto la evasión como la elusión tributaria. Es menester también implementar reformas laborales, reformar el sistema electoral y político, acercar más a los ciudadanos a la vida económica, política y social del país. Todo lo mencionado anteriormente abarcan las reformas de segunda generación.
No olvidemos eso, aún como país, tenemos mucha tarea pendiente que hacer.
Fuente de imagen: Universidad Esan.
